Precio – Coste – Valor – Gratuidad

Cada vez más frecuentemente me toca la típica charla del Software Libre y la importancia de la libertad que además tiene que ser a un coste 0, cosa que es imposible porque todo cuesta en la unidad que sea y quieras convertir. Yo estoy de acuerdo con la defensa de las libertades que protege el Software Libre pero no en su modelo de financiación altruista y mediante el formato de voluntariado. Esto hace insostenible el desarrollo del mismo al anteponer los intereses y libertades de colectivos de usuarios sobre los de los profesionales que desarrollan el Software Libre, que necesitan realizar una actividad de la que puedan vivir.

El problema no es la imposición de un modelo de financiación obligado que destruiría la esencia del Software Libre, sino la concienciación de que aquellos que están en condiciones de aportar lo hagan, ya sea con esfuerzo profesional o esfuerzo económico. Sólo difundir y usar no lo veo como un aporte porque es algo implícito sea el servicio o producto que sea, lo vas a hacer igual igual siempre y cuando sea de tu agrado el servicio o producto.

La cuestión de fondo no es la de ninguna libertad, sino la de intercambio de valor y cómo estos mecanismos permiten a un individuo desarrollarse individual y socialmente de manera digna.

Todos estamos de acuerdo más o menos en lo moralmente puro, de si algo es bueno o malo, si obviamos su contexto y las implicaciones particulares de cada uno. El problema viene de la interacción con otros individuos y ese intercambio de valor como comentaba. Para exponerlo comparto una reflexión hecha en una de mis abundantes disertaciones con todo aquel que quiera hacer un ejercicio de mayeútica.

 

Precio – Coste – Valor – Gratuidad

El hecho de que un individuo establezca el valor del trabajo de un tercero a nivel particular de manera unilateral, crea un sistema injusto de valor individual, ya que el uso de criterios de tasación de valor individuales usando elementos de transmisión de valor socialmente aceptados como es el dinero, crea un marco que conlleva un empoderamiento excesivo del consumidor.

Del mismo modo es injusto todo PVP (Precio de Venta al Público) por la misma argumentación llevada al caso opuesto. Es decir, que un tercero con estatus de regulador establezca el precio para categorías de productos. Un caso sencillo de entender es la entrada del cine. Aunque todas las entradas al cine cuestan igual, no todas las producciones tienen el mismo presupuesto y tampoco se ha depositado la misma cantidad de dinero para su realización, por el que en principio se tasa su valor inicial. Esto hace que por ejemplo producciones más modestas que llegan al cine puedan tener un retorno más rápido que otra que tiene un presupuesto más alto en su producción. Si has seguido este argumento, estarás de acuerdo que todas las películas que hay en el cine no debería valer su entrada lo mismo atendiendo al coste de producción, dejando al margen el valor percibido y pagado por el consumidor.

Aquí hay un dilema, en un sistema el individuo y sus circunstancias establecen el precio y en el otro lo establece un PVP que lo pone un tercer organismo que hace de regulador; normalmente el propio estado, dependiente del estado, o una entidad externa negociado con el estado. Ambos suponen extremos opuestos en su planteamiento y pecan de sus bondades y deficiencias en sus extremos a partes iguales. ¿Pero si el valor se estableciera por su uso, dado su carácter implícito como valor?

El sistema de oferta y demanda funciona bien. Una señal del valor de algo con independencia del mecanismo de transmisión del mismo, es la demanda. La demanda inflaciona el precio de un servicio o producto y su opuesto la oferta, lo deflaciona. Constituye un sistema de valor implícito con mecanismos de control completos. Me explico.

Si algo se inflaciona demasiado, tiene un valor para el consumidor y la sociedad haciendo que el precio suba. El estado con mecanismos de articulación, protección y mediación, puede generar deflación de un tipo de producto o servicio generando empleo y favoreciendo la creación de empresas para aumentar la oferta de ese bien o servicio, por la simple razón de que el aumento del mismo baja el precio. Curiosamente este mecanismo propulsado por el ánimo de lucro se autoregula solo y proporciona un valor. El concepto es similar a como los mineros en la criptodivisas, en su afán de minar y conseguir la recompensa, hace que se procesen las transacciones en esa actividad que hace que una criptomoneda funcione. Pero no lo hace directamente por la convicción de que el sistema es bueno, sino por lucro o enriquecimiento. Y además este lucro provoca que otros también quieran hacerlo y eviten monopolios dentro del sistema gracias a la obtención de ganancias, que vuelve a repercutir en la propia red que tiene más velocidad y estabilidad.

Obviamente el precio de salida de bienes y servicios tiene que cubrir costes tanto del producto como del servicio, al igual que la minería en las criptodivisas sólo se realiza si la actividad cubre los costes eléctricos. En este último ejemplo se puede notar como países más pobres con costes de la electricidad más bajos, son los que hacen la actividad de minería, o en los que se hace la minería (atención al matiz). Esto vuelve a ser causa de la falta de referencia real del valor de las divisas fiat, sujetas directamente a la falta de escasez e impulsadas únicamente por la confianza obligada del gobierno o entidad que emite la divisa.

Tras todo esto subyace la idea de la hipocresía de moverse a niveles internacionales usando marcos legales nacionales o comunitarios. Si el comercio y la economía es mundial tienen que ser mundiales, únicos y sostenibles, porque de lo contrario favorece posiciones de poder y de autoridad que aprovechan la singularidad de cada marco legislativo, que es lo que pasa ahora.

Para cerrar entro en el concepto gratis. Tras todo lo expuesto, evidentemente, con un sistema como el planteado de tasación de valor por sistema de mercado (oferta y demanda) basado en blockchain para gestionar la actividad y también como mecanismo de transmisión de valor (divisa), seguiría existiendo el concepto de gratuidad. Existirá por el mero hecho de que simplemente se quiera ejercer un gasto para generar un bien o servicio sin pedir la contraprestación de un ingreso por los mismos que lo compense o genere un beneficio. Pero lo que sí será evidente es quién asume el gasto, siendo un concepto de gratuidad sutilmente distinto al que tenemos ahora, por la simple razón de que existe un sistema de valor real para todo bien y servicio.

Además creo que se quitarían prácticas del tipo, como es gratis lo quiero y hasta lo uso. Pero si algo gratis lo quieres y además lo usas es porque implícitamente tiene valor y por tanto habría que igualar precio con valor. Sólo si el que da el servicio o bien te lo quiere dar gratis, asumiendo costes, lo hará, sino no. Un ejemplo claro es el filántropo Pavel Durov impulsor de Telegram, que es el que paga toda la factura de gastos del servicio para que sea gratis, y no existe una factura oculta que pagas de otra forma, como pueden ser los datos de uso o personales.

Conclusión: Todo debería tener un precio representativo de su valor y coste con independencia de que se pague la contraprestación o que se asuma por parte del individuo o entidad, no generando el debido retorno y siendo en consecuencia un gasto.

 

“Sólo un ignorante confunde precio con valor”

 

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4 response on “Precio – Coste – Valor – Gratuidad

    • No es algo trivial, ni simple, ni fácil, y si lo fuera no me cabría en la cabeza el por qué no se hace.

      Los dos temas de fondo que hay son:

      1) La dificultad de montar un sistema económico puro que iguale y corrija el precio de algo atendiendo al coste (mínimo precio requerido para que sea rentable la inversión de tiempo, esfuerzo, recursos, dinero…) y además permita a partir de ahí equilibrar el precio final con su valor, de acuerdo a la oferta y la demanda. Para eso hacen falta:

      1.1) Divisa única y global sujeta a confianza y escasez, teniendo unas reglas definidas y sistémicas. Eso es Bitcoin y todas las alternativas existentes que surgen. Los estados no deberían usar la inflación y deflación de la moneda como instrumento fiscal para enmascarar resultados económicos, deberían invertir en generar valor para sus ciudadanos creando trabajos y aportando valora partir de ellos en forma de productos y servicios. Usar la moneda así hace que la gente no pueda tener claro cuánto es el valor real del dinero porque no hay referencia (el dinero nuevo se emite en concepto de deuda por los bancos todos los días). Es necesario la referencia de valor del dinero (y además fijada en la escasez) porque hablamos de una herramienta de trasmisión de valor (no se puede crear valor de la nada), pero que actualmente esa ausencia de referencia y confianza (características de una moneda/divisa) hacen que muchas personas no quieran establecer las cosas en términos de dinero para simbolizar el valor de algo. Así surge la ideología y la utopía desvinculada de los medios económicos cuantificables de manera homogénea en términos monetarios.

      1.2) Normas de mercado únicas y globales. Esto hoy en día genera ventajas competitivas pudiendo elegir la fiscalidad a la que te acoges pudiendo elegir el país donde oficialmente se declara la actividad económica. Muchas empresas grandes dedican grandes esfuerzos (por lo tanto dinero), en hacer esta ingeniería fiscal. No me parece desleal, ni ilegal, la culpa es de que cada uno ponga las normas en su “casa” en vez de poner normas iguales para todo el “barrio”.

      2) La conciencia de la factura “invisible” que hay en aquello que no pagamos, que no por consecuencia es gratis ni carece de valor. Richard Stallman hace un discurso desde el plano ético pero acaba bajando al campo de la financiación siempre y sin que nos demos cuenta. En cada charla Richard Stallman, si le dejan, hace una rifa o una puja de un GNU para recaudar dinero para la FSF. Luego está pidiendo financiación y es una forma de financiarse.

      —-

      La realidad es que el discurso de Stallman tiene esa pata rota y acaba haciendo que esas libertades que promulga con el Software Libre las acabemos pagando los desarrolladores que lo hacemos de manera voluntaria y por la causa. Es prácticamente imposible vivir del Software Libre porque casi nadie da nada, por algo que respeta sus libertades y en muchos casos tienen hasta una calidad superior que cualquier otro producto o servicio del mismo segmento. El problema es que los que pagan bien a los buenos desarrolladores que hacen Software Libre y Open Source son las empresas y no los usuarios del Software Libre. Por mucho que fastidie a nadie se le puede criticar la posibilidad de vivir de su trabajo y de irse con aquel que le da viabilidad a su actividad pagando lo que es un mínimo necesario por la actividad desempañada.

      Para colmo cuando planteas esto en espacios de Software Libre se te echan al cuello y son los usuarios los que atacan a los desarrolladores que hacen Software Libre. El discurso mayormente válido y repetido hasta la saciedad de Richard Stallman, ha “atontado” a muchos partidarios del Software Libre, dejando a este conjunto en un extremo radicalizado sin posibilidad de acercamiento. Que pueden decir lo que quieran, pero los desarrolladores también tienen que comer. Una ideología que no piensa en este grupo no conseguirá nada, ya que la ideología “vuela” por encima de los medios pareciendo no importar.

      Hacer las cosas gratis tiene factura invisible y la gente no es consciente, casi hace que al final se esté obligado a hacer desarrollo y además asumir como bueno la injusticia de que tengan que poner precio a tu trabajo, cuando muchos lo usan y redondean a la baja siempre, si deciden dar algo, siendo el precio más favorable 0 o cercano a él. Y eso te lo dicen los usuarios porque los desarrolladores casi nunca manifiestan estar de acuerdo con esto. Es normal que al final la gente buena esté más contenta trabajando con software privado para empresas que les trata bien, y además les paga bien.

      Como ejemplo este es el detonante (no es causa única ni final) de haber publicado esta entrada que ya llevaba tiempo rondándome la cabeza:

      https://www.joindiaspora.com/posts/10217084

      Yo pienso que si usas algo (no teniendo que pagar de manera obligada en ningun momento) es porque tiene valor, por consiguiente si puedes costearlo o contribuir en las condiciones que se pueda, deberías hacerlo. Si no se puede contribuir, entiendo que no es posible aportar, pero esto no quiere decir que en un futuro no pueda hacerlo.

      Terminando este comentario largo… lo que yo le doy una vuelta en esta entrada es a todo, a los problemas que tienen la economía y capitalismo actual, el problema de la gratuidad instaurada por ejemplo en el software libre y a las injusticias que se producen en ambos extremos.

      Tenemos que educarnos como consumidores socialmente responsables en términos de valor y no sólo de precio, que nos permita dejar aún lado el concepto artificial y maligno de “gratis” y nos permita afrontar la factura social que genera.

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